Redadas, deportaciones y miedo entre los inmigrantes: consecuencias psicológicas en los niños

Por Jen Aicart

Los recientes cambios en el panorama político americano sin duda han revolucionado al país y a la sociedad, causando discordia y preocupación por no saber qué va a suceder casi desde el primer momento. Esto ha afectado especialmente a los inmigrantes, debido al anunciado y ya puesto en marcha endurecimiento de las leyes migratorias. Se han empezado a realizar diversas redadas en diferentes estados y ciudades, entre ellas Las Cruces, lugar en el que ya de por sí, debido a su situación geográfica, encontrándose tan cerca de la frontera, el tema de la inmigración está siempre presente. 

La redada que se hizo en Las Cruces el pasado 15 de febrero trajo diversas consecuencias, pero una de ellas y de la que nos vamos a ocupar en las siguientes líneas es la falta de asistencia a las escuelas por parte de muchos niños los días posteriores a los hechos. El día siguiente, que además coincidía con el Día Sin Inmigrantes, fue especialmente alarmante. Así lo expresaron tanto profesores y trabajadores de las escuelas como el superintendente y la responsable de la Junta de Educación de Las Cruces (Las Cruces Board of Education). Se envió una carta a todos los padres para tranquilizarlos y se aseguró que las escuelas, que han sido denominadas como “escuelas santuario”, son un lugar seguro para los niños sea cual sea su estatus legal.

Una profesora de la escuela Booker T. Washington de Las Cruces cuenta cómo vivió en primera persona los hechos los días posteriores a la redada. Comenta que aunque no se habló directamente del tema entre el equipo docente de la escuela, sin duda se notaron las consecuencias de diversas maneras. Especialmente evidente e impactante fue la ausencia de algunos estudiantes en los salones, especialmente en los salones bilingües, en los cuales la mayoría de los alumnos son hispanos, algunos de ellos quizá con estatus ilegal, y si no ellos, sus padres. En una de las clases faltaron ocho niños de los dieciocho que son en total. Aunque todo parecía bajo control y se había tranquilizado a las familias, esos días se pudo ver justo enfrente de la escuela una camioneta de la Border Patrol. Esto, por supuesto, intimidó y atemorizó tanto a los padres como a los niños. Pero la preocupación y ansiedad de los niños no han aparecido sólo a raíz de la redada sino desde que empezó la campaña política y el cambio de Gobierno, con las amenazas y las novedades en las leyes migratorias que dificultan más las cosas para los inmigrantes. 

En todo este tiempo, la maestra ha podido presenciar cómo los niños están sumamente conscientes de lo que está pasando y que sienten miedo y preocupación. Hasta los más pequeños, de primer grado, hablan a veces abiertamente del miedo a que se construya un muro en la frontera y a que echen a sus papás del país. Incluso nombran a “la migra” y expresan el temor que tienen hacia ella. Esto se ve más claramente en escuelas con un alto porcentaje de estudiantes hispanos como la ya nombrada Washington o como la escuela Cesar Chavez, entre otras. Sin duda se percibe por parte de los profesionales que están cerca de los niños cómo lo que escuchan en las noticias y lo que viven y oyen en casa, especialmente en los últimos tiempos, les preocupa y les afecta no sólo emocionalmente, sino también en su rendimiento escolar. 

Muchos de estos niños son ciudadanos, puesto que han nacido aquí, pero sus padres no lo son, por lo que sufren de igual manera el miedo constante a que detengan a sus padres y los deporten. La mayoría desde muy pequeños ya conocen quiénes son los agentes de migración, saben que hay que andarse con mucho cuidado con ellos e incluso saben dónde es que sus padres guardan los documentos importantes por si algo sucede inesperadamente. Esto, sin duda, es algo que altera la vida de los pequeños de una forma u otra. A veces tienen que presenciar escenas de violencia o de desesperación de sus padres o incluso viven su arresto y la deportación. 

La experiencia de vivir estas situaciones traumáticas puede dar lugar a diversos problemas emocionales y mentales e incluso en la conducta de estos niños. Es una realidad que va en aumento en la actualidad, un serio problema que deben enfrentar tanto el Gobierno americano como el mexicano, porque es el país que está recibiendo más deportados. Entre los diferentes trastornos que pueden sufrir como consecuencia de las circunstancias que viven encontramos ansiedad, depresión, estrés agudo y problemas de conducta (agresividad, por ejemplo).

Las afectaciones pueden ser diversas y tanto los niños como sus familiares deben contar con recursos y apoyos a los que puedan acceder y en los cuales respaldarse. Por el momento no hay muchos recursos o ayudas disponibles a nivel institucional, o las que existen no son muy visibles y accesibles para ellos. Aún así existen organizaciones como la ACLU que asesoran y respaldan a los inmigrantes sobre todo a nivel legal. Y también el apoyo a nivel comunitario, con asociaciones como NM CAFe, tiene un papel muy importante. 

Pero sin duda lo que según algunos profesionales que han investigado sobre el tema puede ser más beneficioso para los niños y jóvenes es formar y entrenar a los profesionales que están cerca de ellos. Formarlos para que sean conscientes de la gravedad de la situación y entiendan y empatizen con ellos. Entrenarlos para que derriben prejuicios, disminuyan la discriminación y favorezcan la integración con los demás niños. Y además que sepan a qué profesionales y servicios sociales o de salud mental derivar los casos de mayor vulnerabilidad. 

Summer 2017

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